30/3/25

Homenaje en el fallecimiento de RAUL ACOSTA.

Me entero del fallecimiento de Raúl Bigote Acosta. Raúl nos acompañó en MISPOETAS desde el 2007. No lo conocí personalmente pero sé que era una gran persona y un gran poeta. Que descanse en paz y un abrazo enorme a sus amigos, amigas y familiares. 



Cerrazón. -

 

Hay un hombre que llora en la biblioteca.

No soy yo, que solamente miro.

 

Tengo miedo,

quisiera saber sobre qué libro,

en cuál página, qué verbo lo destina,

lo lleva a quedar quieto, mojándose,

sin habla.

Es una biblioteca. No me llena

el pecho el coraje.

 

Cuando cae me levanto.

el guardián lo alza, se lo llevan, sobre hipos

y lamentos. Acomodo sus papeles,

soy mentira. Con mis ojos leo

y releo la página.

El poema,

en una sóla línea, confiesa

el imposible que resisto,

al que me niego.

No hay padre, solo hijos.

 

No hay firma, datos, nada.

El libro se deslíe.

Pronto cerrarán el sitio.

Demasiado húmedo...

el asunto empeora,

día por día.

 

© Raúl Acosta

 

Atracadero.-

 

Mi señora.

 

Escribo para pedirle,

formalmente,

que sea mi amante.

 

Algunos días,

en esos días algunas horas,

de esas horas pequeños momentos,

instantes.

Eso deseo de usted.

 

En esos instantes cerraré los ojos y,

con el resto físico que me queda,

intentaré volar.

 

En esos instantes

pediría que usted cierre los ojos

e intente volar conmigo.

 

No lejos,

al territorio de la satisfacción

y una escueta caricia,

íntima, necesaria.

 

Yo abrazaría a Usted

de un modo entrañable,

sin furia, con determinación.

Pediría sólo complacencia.

 

Es todo. Me despido

con un beso

donde mejor le venga

a mis intenciones.

 

Amantísimamente suyo ,

imaginándola en algunos días,

en esos días horas,

en esas horas bellos momentos.

 

Suspiro por estas cosas

siempre,

casi siempre.

Algunas veces,

cuando la veo, cuando está lejos.

 

Respóndame, por favor.

Cualquier respuesta es buena.

No lo olvide, no me olvide

que yo, lo sabe, ya no puedo.

 

© Raúl Acosta

 

Amantísimo

 

No conforma este asunto

el amor en la distancia

teléfonos llamándonos

no no conforma.

 

No es buena la fórmula

de la lejanía que cura

del tiempo que borra

del mañana que aplaca.

 

Nada. Nada sucede del modo

en que indican los libros

los divanes

los consejos de los sabios heridos

por un llanto un desprecio un abandono.

 

Está decidido que

dos veces a la semana abriré la puerta

que vengas o no es el detalle

que diferencia ilusión de cuento

sudor sonrisas desparejas

alientos agitados.

 

A nadie hay que contar estas cosas

el amor es un amante frágil.

Hace tiempo sabemos estas cosas

hace tiempo que andamos

inconformándonos 

 

© Raúl Acosta 

 

Territorialidad

 

Por todas las calles se llega al río.

No hay modo de escaparse.

 

La ciudad es una isla.

Riachos por los laterales y su forma, ah,

su forma:

como una larga mama blanda

que revienta sobre la punta,

frente a las islas.

Gran nodriza, señora, gran.

 

No hay forma de tiritar en el desierto.

Aquí no hay luna sin reflejo.

Vagan los hombres, desentendidos,

el declive los lleva al agua.

Ayer, hoy y mañana.

 

En esta ciudad todos son peces.

Los niños abren la boca

como coloridos bichos tropicales

detrás de la vidriera, en las peceras.

 

Las mujeres más lindas mueven sus colas,

como arabescos, como danza.

Las burbujas son muecas de la liberación.

La gente confiesa sus pecados de humedad.

 

No se vive, se navega por almacenes,

dispensarios, debates, cornamentas.

 

No hay discursos políticos, promesas,

nada turba el sueño del náufrago,

el furor del polizonte engañado

repiquetea en las liquidaciones.

 

Fin de temporada en todos los comercios.

Siempre es navidad

No llega la gula. Autoabastecimiento.

Somos promiscuos de padre y madre.

Besamos la intemperie, en el viento

hacemos los castillos. No se rompen

los gritos, son prestados. El adiós

nos pertenece, fue el comienzo.

Así se empieza, dijeron.

 

Disimulamos, todos disimulamos

todo para que usted se quede.

Sonría, va la foto carnet, el documento dice:

sobrevivió en la ciudad que termina donde comienza.

Vemos la traición del continente.

Sabemos defendernos.

 

© Raúl Acosta

 

ENLACE A LA ENTREVISTA DE RAÚL ACOSTA https://entrevistasamispoetascontemporaneos.blogspot.com/2007/09/entrevista-ral-acosta.html

 

 

Raúl “Bigote” Acosta.

Nació en Rosario, en 1944. Poeta y periodista, desarrolló una intensa tarea en los medios de

comunicación (radios, Televisión y gráfica. Actualmente es Conductor y productor del programa “La vereda de Enfrente” (Radio LT3, Rosario), colaborador del diario El Ciudadano en la sección Espectáculos y director de la revista 30N.

Biografía extraída del blog, no actualizada.


29/3/25

Poema de María Teresa Andruetto

 


Tu sei come una terra

che nessuno ha mai detto.

Tu non attendi nulla

se non la parola

che sgorgherá dal fondo

come un frutto tra i rami.

La terra e la morte (l945-l946)

 

Entre los ramos

 

Hay un olor a flores

cortadas en el campo;

con olor a chinitas salvajes

van a verlos y el sudor las abrillanta.

Es octubre y lastima la resolana

entre los fresnos y el aire está tan quieto

y es tan azul allá a lo lejos...

Es domingo y yo no tengo dónde verte.

Sólo esta palabra como un fruto

entre los ramos y este olor salvaje

que regresa, desde chicos ajenos

y mujeres gordas

con pañuelos.

 

© María Teresa Andruetto

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Poema de Nora Patricia Nardo

 

 

Pandemia

 

Esta ficción incierta

confunde los días

en las indecisas madrugadas.

Hay máscaras que absorben el paisaje

 y nos devuelven

rostros enajenados

espejismos fantasmales.

 

¿Cómo cambiar el vuelo de los pájaros

para que retroceda el tiempo

y vire la vida de la sombra a la luz?

 

Cincelados en las tinieblas

entrampados en  la genealogía

del miedo, desplumados.

Sólo polvo que se resquebraja

 en cada suspiro.

 

Ningún refugio aloja esta marea de tristeza

de dolor, de nostalgia, de sonrisas clausuradas

y despedidas desiertas.

 

Sólo jirones desafiando  la fugacidad de la vida

¿y el cielo?

 

© Nora Patricia Nardo

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Texto de Karina Lerman

 


Y al escarbar las uñas en la espera, mordido del mendrugo, un festín de palabras junto al basural. Ahora la piel tiene el olor de tu cuero cabelludo. Tarde. Yo. Ya no temo a lo definitivo. Y hay un árbol que le da la intención al viento de agitar a la mente para desgajar las azucenas como jirones de fuego. Azucena de río hacia el vado para alivianarse ¿cuál conteo será el más franco por la mañana? 

En pie de guerra todo, menos yo. Aunque te diga: todo es un objeto impar en este asfalto. Y un hambre jamás será igual a otro.

 

© Karina Lerman

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Poema de Gustavo Borga

  


la hermosa niña rubia

mira las flores

que su padre robó

para ella

 

será poeta

no tendrá hijos

morirá en un geriátrico

 

© Gustavo Borga

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Poema de Fabián Leppez

 


Lilith en Acuario / 13

 

Soy mis ojos tónicos

observando el camino del Inca.

El dibujo oblicuo de las alas

que buscan romper mi espalda.

Soy la gelatina que transparenta

el resfrío de sol.

Mis pies desatados en el parque,

corriendo hacia la niñez.

Corriendo

para que no se apodere de mí

el abandono.

 

Soy adobe en el guardabarros

de la bicicleta y mis manos

succionando el inflador.

Soy mi scanner recorriendo a

los pasajeros del colectivo,

mi cuerpo impactado por la llegada del tren

y mi culo reprimido

en un micro de larga distancia.

Mis lecturas somníferas

atravesando montañas,

mi lengua chisporroteando

con salsa picante norteña,

mi voz pastosa en el audífono del teléfono,

mis palmas golpeándose, crudas

detrás del portón,

mi puño meticuloso punzando una puerta.

 

Soy la paranoia del viaje perdido,

el saludo nebuloso

desde el segundo piso en la terminal

y la mirada elástica

siguiendo los cables de luz en la ruta.

Soy mi espalda abrazada

al asiento reclinado,

el café tibio y aguado

servido en un vaso de tergopol

y la bandeja de cena minimalista.

El sánguche envuelto en papel film

abollado en la mochila de mano y

la cerveza artesanal comprada en Córdoba.

 

Soy las manos dispuestas a

samarrear al chofer

para que arranque,

para no centrifugar el camino.

Para ganarle la carrera a las gaviotas.

 

© Fabián Leppez

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Poema de Elena Garritani

 


 

BOLERO

 

Ámame con los ojos y las manos. Vuelve a mi pelo, a mi pulsión

sobre la sombra erguida de los eucaliptus.

Algunas veces llueve en mi jardín y el viento mueve la copas

y las ramas de la noche como un amante, amando.

Los precipicios de la melancolía  son domingos 

en ritos de familia,  en lento atardecer

donde lo perdido alguna vez, vuelve a tropezarnos.

 

© Elena Garritani

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Poema de Edith Galarza

 


caigo

 

caigo

ya soy

nada

al filo de la vida.                                                                                             

 

© Edith Galarza

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Texto de Daniel Gayoso

 


VERBIGRACIA

 

Le hablas a unas ropas que ya nadie usa; alzas por instantes una u otra y balbuceas del mismo modo. Frases prendas las tuyas, usadas y raídas. Pero luego ves que el ánimo del pensamiento las torna cambiantes y volubles. Tarde o temprano algunos hablamos así, a boca chiusa lo que en verdad importa. Hablamos por la gracia de las cosas, de esta Cosa que fuimos, que lentamente somos y tal vez seremos, si la voz del relámpago no llama a otros deberes. Y a veces fugamos de súbito a su encuentro. Pero no; Algo decide cuándo y cómo. Y así es el desierto, donde nada ni nadie es digno de asirse. Menos aún en palabras.

 

© Daniel Gayoso

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Poema de Analía Florio

  


Hembras mitológicas 

 

Revolotea cerca de mí

no tenemos

ella ni yo

luna que nos alumbre las nostalgias.

El mar de noche es un abismo

Y debe haber sido por eso

la confusión de encontrarnos

o el encanto.

Esas aves

siempre me resultaron parecidas a las preguntas

me acerco.

Deseosa de tierra

de dedos

de manos

se me acerca.

Le crecen deseos míos.

Veo con sus ojos.

Toma mi forma orgullosa

se afirma al suelo

justo al borde del acantilado.

En noche negra

una y otra nos elevamos

como dos mitades complementarias.

Nos volvemos hembras mitológicas.

Yo

casi lechuza.

Ella

casi mujer.

¿Qué es?

 

No es lo que toca desde adentro

como el sonido desgranado de una caja musical.

Tampoco lo que se desliza en gotas por la piel del

 /cuerpo

como sangre que sobra de una herida.

No es la apertura lenta de las ramas

surcando la tarde naranja.

No es el ruido de una madera rota

y tampoco un grito animal

partiéndome el estómago.

No sé

¿qué es querido lo que duele tanto?

 

© Analía Florio

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Poema de Alicia Waisman

 


¿Cuánto tardó tu piel en mostrarse

con arrugas?

Día a día

pequeños surcos

se hicieron más profundos.

El cactus orquídea, mientras tanto,

el que  te acompaña en silencio

desde mucho tiempo atrás,

se dispuso a equilibrarlos.

Cada tanto

dulces lanzas viajan en el perfume de la noche

y tu piel se vuelve

orquídea blanca.


© Alicia Waisman


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28/3/25

Poema de Nancy Montemurro

 


 

LOS REZOS DE LA NOCHE

 

La estrellita de oro

no le teme a la muerte

la luna vigila

mientras todos se duermen.

Canto popular

 

Mamá decía que el bisabuelo José

era un hombre muy dulce,

ni la pobreza del campo

ni perder a varios hijos

cambiaron su bondad.

Todas las noches

juntaba en su pieza

a los nietos

y antes de dormir

los hacía rezar.

El ángel de la guarda

puso una estrella

de luz en cada uno

para alejar la muerte.

 

© Nancy Montemurro

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Poema de Antonio Tello

 


en la inmovilidad está tu condena

ves cómo los pájaros picotean tu pan

  brincan      vuelan a su antojo y tú sigues quieto

engrillado a tu lamento

 

la voz que nace de la angustia

te divide y condena  a la inmovilidad

al adiós pintado en las paredes del laberinto

    y así   sujeto    tú / yo al instante de una calle

      oyes los cantos de las conciencias  náufragas

 y   no dices yo       no dices yo 

los cuerpos deshabitados de los apátridas                                                 

                                       no dicen yo

 

© Antonio Tello

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Texto de Mónica Glomba

  


El atardecer y vos Facundo (a Facundo Molares)


¿Quién está ahí?

¿Sos vos? Sos vos imaginando un mundo de iguales

Atardeceres rojos como el corazón que te habitara

El sol se retiraba y ahí estabas con la mirada quien sabe dónde, elucubrando una historia nueva

El tiempo se detuvo en ese instante y yo con él intentando explicar tu inmensa presencia sobre esa puesta de sol que te quedaba chica

¡Hasta los peces ese día se dieron por vencidos dejando sus huellas en el macareo del río!

Los días se cuentan lentos en este almanaque de inviernos largos

¡Ay de nosotros !

Una primavera incompleta se avecina y aún sin rosas rojas está el jardín

Aún...

 

© Mónica Glomba

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Poema de Ariana Cabezas

 

 

Sólo muere la pulsión con el olvido

 

Nadie habla del deseo de aquellos

que no han vuelto a casa

¿Qué petición rodeaba el centro de su corazón?

el último pensamiento

la astilla de luz que cercó sus cuerpos

Nadie habla desde deseo de aquellos que no han vuelto

como los tallos del viejo ingá de la infancia

se desvanecen

mueren

mueren

son recordados bajo nobles palabras

 

© Ariana Cabezas

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